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lunes, 6 de febrero de 2012

Te echaba de menos.


Tu mirada. Tu sonrisa. Tu forma de hablar. Tus gestos. Tu pelo. Tu rostro. Tus pecas. Tu nariz. Tus ojos. Tus labios. Tus besos. Tu cuerpo. La forma en la que me decías te quiero. La forma en la que, con solo una mirada, nos entendíamos perfectamente. No hacían falta palabras. 

Te bajaste del tren, pisaste la ciudad que hacía años había sido tu hogar.
Sonreíste al verme a lo lejos.

Sabíamos que ya nada iba a separarnos.

viernes, 27 de enero de 2012

No puedo evitar mirarte y querer algo más que ser solo tu amigo.


Memorias de metal. Dos: Reencuentro en el hielo.

Sabía que no estaba bien lo de fumar. A ti no te gustaba que lo hiciese, pero ya no estabas, así que me daba igual. Tampoco que condujese sin carné con el coche de mi difunto tío. Sin contar que aún no había cumplido los dieciocho.

Subí el volumen de la radio. Sonaba "All the money or the simple life honey" de The Dandy Warhols, así que dejé sonar la música y me dejé llevar.
A través de los cristales del coche se colaba la luz del sol, aunque eso no quitaba que hiciese frío. Seguía siendo invierno aunque el cielo no pensase lo mismo.

El viento que entraba por la ventana del asiento del conductor me helaba las entrañas. Quizás si no fuese en tirantes en esa época del año ayudaría, pero lo cierto es que el frío me reconfortaba. Me recordaba a ti.

Aunque estuvieses helado, para mí estabas cálido. Fuiste mi refugio en los días en los que la muerte y la amargura me acechaban.

Te imaginé acariciando mi pelo, tus dedos del color de la nieve formaban un contraste precioso con el naranja con reflejos rojos. Todo parecía más fácil cuando estabas conmigo.

Se hacía de noche, y el cielo comenzó a adquirir un tono morado. Ya me acercaba a nuestro antiguo refugio. Faltaba poco para el desvío. Entonces, todo comenzó a ralentizarse. Mis movimientos, la música, el velocímetro. Los colores comenzaron a desaparecer. El blanco, el rojo y el azul remplazaron el naranja del atardecer.


El cigarro se me cayó de la boca.
Apareciste frente al que ya era mi coche. El torso desnudo, pantalones negros con tirantes caídos a los lados y descalzo.


Conocía muy bien ese atuendo. Abrí la puerta del vehículo rápidamente y corrí hacia ti. Al lanzarme hacia tus brazos, me encontré con la nada.


Arrodillada en el asfalto, me sequé las lágrimas. Sabía que seguías allí, aquella particular mezcla de colores te delataba.


Escuché un golpe fuerte y seco. Solo podías ser tú. Éramos los únicos que podían moverse en aquel lugar más allá del tiempo.


Era una señal. Y venía del camino hacia nuestro particular santuario. Decidí seguir el camino a pie.


La oscuridad me acechaba. Si me perdía en aquel lugar que no entendía de tiempo, jamás podría volver a mi vida.


Faltaba poco para llegar.
Y allí estabas. Bajo el árbol, sobre la losa de piedra en la que escribimos nuestros nombres cada cada uno con la sangre del otro.


No me moví. Esperé a que te acercases.


Me acariciaste la mejilla y me besaste el cuello.
Acercaste tus labios a mi oreja y casi pude sentir el vaho en mi oído.


-Tenemos que dejar esto. Estoy muerto.
-No me importa.
-Olvídame. No puedes seguir toda la vida enamorada de tu novio muerto.
-No me importa -dije mientras besaba tu pecho.
-No es sano. Llegará un día en el que no puedas llamarme. No tendrás fuerzas.
-No me importa -tuve que ponerme de puntillas para poder besar tu hombro.


Desabroché tus pantalones.
-No... me importa -suspiraste.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Post-it



No hace mucho tiempo desde que escribí esto. Lo he encontrado en borradores del blog.
A punto de hacer un año desde que Kyha empezó a gustarme, ahora simplemente ha sido parcialmente reemplazada por otra, aunque hay diferencias muy claras... que ahora no me voy a dedicar a señalar.

Solo deciros que hay diferencia de edad, y aunque es poca, notable. Ahí lo dejo.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Ésa época.


  responsable                                                  espontáneo
Admirado                                 Sin sentido   
Confundido. Enamorado. Adormilado. HARTO. aburrido. Desinteresado. Impotente. Músico. Agradecido. Desconsiderado. Atónito. Agobiado.
hundido. paramore.  Desganado. SUSPENSO. malhablado. equivocado. Alesana. Emociones. trascendental. cani. Estúpido. negro.
cualquier cosa
Feliz...        Expectante. mal criado. ASUSTADO. emergente. equivocado. PILLADO. atontado!      
humillado


ésa época.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Esperando algo que que jamás llegará

Sé que tu corazón jamás se abrirá a mí, que seguirá escondido en tu pecho hasta que solo tú quieras regalarlo.
Porque eres incorpórea, inconexa y fantasmagórica. De tus ojos jamás salió una lágrima, solo gotas de sangre provocadas por tu inexistente humanidad. Sé que solo buscas la manera de hacerme daño, que jamás sentirás un ápice de lástima por mí. Y sabes que te quiero. Sé que lo sabes, pero que jamás dejarás que el sentimiento que siento por ti se interponga entre tu orgullo y tu naturaleza oscura. Seguiré esperando aquella noche de martes en la que nos tumbamos en un prado, arropados por las estrellas, y en la que nos dimos algo que jamás pensamos que compartiríamos. Sigo esperando algo que jamás llegará.

Una lágrima de tus ojos negros suspirando por mí.
Una simple carta que signifique todo para mí.
Una sonrisa dirigida a mi persona.
Una pizca de humanidad que demuestres hacia mí...

Pero debo dejar de desear, porque hace tiempo que conozco mi futuro.
Sé que tú me matarás hasta dejarme sin sangre en las venas. Te regocijarás y buscarás la manera de hacerme daño aunque ya esté muerto.

Y sé que lo sentiré incluso muerto, porque con solo oír tu nombre, se me despiertan todos los sentidos.


martes, 29 de noviembre de 2011

Memorias de metal. Uno: Una llama en el firmamento.


Cerré los ojos mientras escuchaba aquellos tenues acordes de guitarra que resonaban en mis oídos.
Una simple, perfecta y bella lágrima acarició suavemente mi rostro, evocando recuerdos que se hallaban muertos. Como tú. Mi perfecto compañero de juegos. Me acompañaste el día de mi renacimiento y durante todo el resto de mi vida.

Hasta que desapareciste. Tu corazón negro dejó de respirar y se detuvo en un momento fantasmagóricamente hermoso.

Volví a imaginarte, tan alto como siempre. Tu cabello negro, corto y alborotado. Tus perfectas facciones. Aquellos ojos azules como el hielo, que me hacían arder por dentro. Rodeados por una fina capa de maquillaje negro, siempre sabían cómo sonreírme y hacerme sentir viva. Tu nariz, perfectamente proporcionada, y tus labios gruesos pero en su justa medida, que fueron los mejores que besé en la vida.

Di un grito. Me dolía el corazón, porque ya no estabas. E incluso, un año después de tu muerte, aún me sentía muerta sin ti. Muerta en vida.

Me levanté de la cama y encendí una vela. Humedecí el dedo y acaricié la pequeña llama. La llama que me decía que, quizás, en alguna parte del mundo, o, solamente en mi corazón, estabas vivo. Que me esperarías, que te encontraría, te abrazaría y nunca te soltaría, porque no iba a volver a dejarte morir, dejando un pétreo cadáver de dieciocho años en mis brazos como la última vez que vi tus ojos abiertos.

Me mordí el labio y dejé que las lágrimas cayeran sobre la vela, que no se apagaba, seguía encendida, como tú en mi interior. Alcé la vista y vi en el espejo mis ojos castaños enrojecidos de tanto llorar. El gorro de lana verde que me regalaste en mi decimoséptimo cumpleaños seguía cubriendo gran parte de mi pelo rubio oscuro -tan largo como a ti te gustaba-, y mis labios estaban quemados del frío.


Acerqué mi nariz a la vela, tan recta como ella, y percibí el embriagador olor a frutas rojas que tanto te gustaba.


Me desnudé delante del espejo, esperando un abrazo desde atrás como solías hacer, pero solo respondió el  frío de aquella noche de invierno.


Entonces apareciste detrás de mí. La estancia se llenó de colores rojo, blanco y azul. El tiempo se paró, y era solo para los dos.


–Estaba esperándote –dije.
No se escuchó el más mínimo sonido. Estabas demasiado ocupado besando mi cuello.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Tu piercing labial me recorría el hombro, y el metal me helaba la sangre. Tu mano me sujetó la cintura y comenzamos a besarnos de espaldas al espejo. Entonces, separaste de mí tus labios sin dejar de abrazarme y comenzaste a hablar.
–Hola –respondiste.
–Te echo de menos.
–Ya lo sé. Por eso he venido.
–Podrías visitarme más a menudo.
–Sabes que no puedo.


Pausa. Todo volvió a su color.
Volvía a estar sola.


Deseando que todo volviese a ser como antes, me metí en la cama y dejé que el frío acariciase mi cuerpo desnudo.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Búsqueda

Tus alegrías de vivir dejaron de tener sentido.
¿Qué es lo que te ata a este mundo?
¿Es que será diferente en el otro?
¿Seguiré tan solo allí como aquí?

Tu mente te dice que te quedes, pero tu corazón pide que te vayas.
¿Por qué esta confusión aparece en este preciso momento?
¿Preferiría quedarme aquí aunque no me sienta parte de este mundo?
¿Me despertaré en un negro amanecer como cada día desde que te fuiste?

Ella sigue allí aunque tú no quieras.
¿Dónde está ahora?
¿Merece la pena seguir preocupándome por ella cuando a ella dejé de importarle hace tiempo?
¿Debería dejar de actuar como aquel soldado de plomo que llegó ha derretirse por el amor de una dama?

¿Terminará algún día está búsqueda negra, dolorosa y sin sentido del amor?


By Scott Altmann

domingo, 2 de octubre de 2011

Gorka & Julieta: Parte II, Capítulo IV: Viento



Gorka escuchó el sonido del despertador y abrió los ojos instantáneamente.

 Lo desactivó tan rápido como pudo, en el intento de no despertar a Julieta, que yacía desnuda sobre su cama, tapada de cintura para abajo con las sábanas de color azul.

 Gorka se vistió rápidamente y le dejó una nota a Julieta.
Cerró la puerta de su apartamento y condujo el coche en dirección al parque donde había quedado con Amanda.
A través de la ventanilla del copiloto pudo ver la melena larga y rubia de Amanda ondeando al viento.

  –Hola –saludó Gorka.

Amanda, al percatarse de su presencia, se levantó rápidamente del banco y lo abrazó.

  –Hola –susurró al fin, aún con los brazos alrededor de su cuello.

  –Que cariñosa estás hoy –dijo mientras la separaba de su cuerpo agarrándola por la cintura.


 Durante diez segundos se quedaron así, agarrados entre los árboles caducos y las hojas marrones que danzaban con la brisa, ella con las manos sobre su cuello, y las de él alrededor de su cintura.

 De repente, vieron los apuntes de Amanda entre las hojas de árbol.

  –¡Mis apuntes! –chilló.
Gorka y Amanda intentaron atraparlos, pero solo pudieron recuperar unos pocos folios.

  –Me faltan más de la mitad de los temas más importantes –concluyó cuando ya se habían sentado–. Genial.
  –No te preocupes. Yo te los presto. Para ese tipo de cosas quedamos, ¿no?
 Amanda esbozó una sonrisa.
  –Gracias. Oye, ¿vamos al bosque de ahí atrás? Allí hay muchos abetos alrededor de un prado, nos resguardarán del viento.
  –Vale.

 Gorka y Amanda se sentaron sobre las oscuras hojas, entre los árboles.

 Amanda estaba en lo cierto. No había ni un ápice del viento que había en el parque.

 Gorka se tumbó boca abajo, y Amanda lo imitó.

 Colocaron los apuntes sobre el suelo, frente a ellos.
Al contrario que otros días, no estudiaban en voz alta y compartían opiniones.

Solo se escuchaban pájaros cantar y hojas crujir.

Tras aquel largo e incómodo silencio, Amanda comenzó a hablar.

–A veces vengo aquí a pensar –hizo una pausa. Miró a Gorka, que no dijo nada, y continuó–. Las últimas veces que vine, pensé en ti.

Gorka miró sus profundos ojos azules y ambos finalizaron la conversación con un beso que ninguno pudo reprimir.

Pero cuando Gorka abrió los ojos vio a Amanda frente a él, y comprendió que Julieta era a quién quería. Que aquella estúpida tentación que se encontraba en el fondo de su ser no era verdadera.

Gorka sostuvo el rostro de Amanda por el mentón y le dijo que no estaba disponible.

–Mi corazón es de Julieta –mientras se levantaba, observó los ojos llenos de lágrimas de Amanda, que se derrumbaba como nunca antes–. Puedes quedarte mis apuntes.

Gorka sabía que jamás los volvería a tener. No estudiaría nunca más con Amanda. Pero Julieta merecía saber la verdad. Desde aquel primer día de estudio, supo que sentía una gran atracción por ella. Sabía que quizás aquello pasaría. Pero prefirió no pensar en la realidad.

Amanda se enjugó las lágrimas que cubrían sus sonrosadas mejillas mientras se prometía no olvidar a Gorka. No iba a rendirse, y Gorka, que caminaba por el paseo en dirección a su coche, también lo sabía.



sábado, 23 de julio de 2011

A Lisa no le gustaba el tic tac que hacía su reloj

Muchos relojes pero ninguno es el perfecto
A Lisa no le gustaba el tic tac que hacía su reloj.
Fue a buscar un reloj nuevo a la tienda de al lado, pero ningún tic tac le gustó.


A Lisa no le gustaba el tic tac que hacía su reloj.
Fue a buscar un reloj nuevo a la tienda del pueblo, pero ningún tic tac le gustó.


A Lisa no le gustaba el tic tac que hacía su reloj.
Fue a buscar un reloj nuevo al reino de al lado, pero ningún tic tac era suficiente para ella.


A Lisa no le gustaba el tic tac que hacía su reloj.


Lisa buscó y buscó, pero jamás encontró.


A Lisa no le gustaba el tic tac que hacía su reloj.
Una mañana, Lisa al espejo se fue a mirar.
"Hoy buscaré un reloj nuevo, como cada día", se dijo Lisa.
Pero en el espejo vio arrugas en su antes lisa y blanca tez. Vio cabellos blancos en lugar de espigas de trigo doradas sobre su cabeza. Vio ojos grises en lugar de los azules que alguna vez tuvo.


A Lisa no le gustaba el tic tac que hacía su reloj.


Lisa llevaba buscando el tic tac perfecto toda su vida.
Pero jamás lo encontró.


El tic tac que buscaba era el de su reloj gemelo.
  bum bum                                      corazón


"Muchos relojes, pero ninguno es el perfecto"
Y Lisa comprendió que el amor no era perfecto, que tenía que dejar de buscar la perfección, porque no existía.


"Pero ya soy vieja", continuó. "Lo he comprendido demasiado tarde".


A Lisa no le gustaba el tic tac que hacía su reloj.
Y el reloj se paró.


Debemos dejar de buscar la perfección en el amor porque nunca la vamos a encontrar. El amor es una incógnita, es incomprensible.
No esperes a que sea demasiado tarde.

martes, 19 de julio de 2011

Gorka & Julieta. Capítulo VIII: Puerta lacada

                 

Julieta se daba los últimos retoques del maquillaje pocos minutos antes de las seis.
Pasó su barra de labios roja por los mismos y lanzó una pícara sonrisa al espejo. Se colocó bien los tirantes de la camisera y paseó los dedos entre sus cabellos con la intención de recolocarlos.
Ya estaba lista.

Entre tanto, Gorka sudaba en el interior de su camisa. Llevaba flores, entre las que se dejaba entrever una nota escrita a mano que decía "Lo Siento".
Iba en el ascensor mirando cada poco tiempo el reloj, temeroso de llegar demasiado tarde o demasiado temprano.
El ascensor llegó a su destino. Las puertas se abrieron y Gorka vio enseguida la de Julieta, que estaba enfrente.
Cogió aire y se dio ánimos.
Durante unos segundos la idea de no llamar al timbre y volver corriendo a casa cruzó su mente.

Pero la desechó en cuanto hizo sonar el timbre.

En el interior del apartamento Julieta se sobresaltó ante el agudo sonido del timbre. Abrió la puerta enseguida y se encontró con Gorka, que tenía la boca abierta.

"Madre mía", pensó el chico, mientras se rascaba el cabello rubio sobre la nuca.

Julieta estaba preciosa. Preciosa y sexy. Su cabello castaño, normalmente lacio, formaba caracoles definidos desde la mitad del rostro de la chica.
Sus ojos eran grandes y castaños, al contrario que los de Gorka, que eran verdes. Éstos lanzaron una rápida y poco intencionada mirada al escote de Julieta. Llevaba una camiseta de tirantes y unos vaqueros.

Julieta, que se había percatado de la reacción de Gorka, sonrió. Se mordió el labio. Ella había hecho lo mismo.

 -Lo sien...-comenzó Gorka, levantando las flores en señal de arrepentimiento.
 Pero fue interrumpido por el impulso de Julieta.

Se había lanzado a sus labios rodeando su cuello con los brazos.

Las flores golpearon el frío suelo cuando Gorka las soltó, sorprendido. El chico mantuvo las manos en el aire unos segundos y después las colocó en la cintura de Julieta.

La trajo bruscamente hacia él, mientras seguían unidos por el beso. Le dio la vuelta para que la acción se trasladase hacia dentro del apartamento, cerró la puerta con el pie y empujó a Julieta contra la puerta. Tanteó su muslo con la mano izquierda, pasándola por debajo y levantándolo para atraer su cuerpo al suyo.

El rechazo del día anterior se presentó en su mente como un aviso.

Abrió los ojos para mirarla. Separando suavemente sus labios, le preguntó que si estaba lista. Julieta tiró de la camisa de Gorka, atrayéndole hacia ella y se quitó la camiseta quedándose únicamente en sujetador.

 -Tomaré eso como un sí.

 Julieta sonrió y le besó hasta dejarle sin aliento.

 Mientras lo hacía, cogió la mano de su compañero y la introdujo en su sujetador.
 Gorka abrió los ojos con sorpresa.

 Entonces Julieta desabrochó la camisa de Gorka con la mano sobrante y, pasando su mano desde el pecho hasta el ombligo, llegó finalmente a su ropa interior, y el cuerpo de Gorka se movió de 1000 formas distintas.

 Gorka desabrochó el sujetador de Julieta con una mano mientras bajaba sus pantalones con la otra.

 Entonces trasladó sus besos al cuello, después a los pechos, y más tarde a...

 Julieta dio un grito mientras estiraba su brazo y se apoyaba en el marco de la puerta lacada.


 Cuando ya era de noche, miraban el techo en la cama de Julieta, unidos por un abrazo.
 No necesitaban decir nada.

 Y allí se quedaron. Una hora, dos horas...
 El tiempo no era importante cuando estaban juntos.
 Se dieron un tierno beso y continuaron disfrutando de la compañía del otro hasta que el sueño se adueñó de ellos.

Fin de la I Parte.

jueves, 26 de mayo de 2011

Gorka & Julieta. Capítulo VII: Teléfono


Julieta cerró la puerta de su habitación y dejó la cesta del picnic sobre su escritorio. Suspiró y se tendió en la cama.
 Unas palabras de disculpa resonaban en su cabeza.
 "Lo siento mucho, me dejé llevar. No sabía que tú aún..."
 "Lo siento mucho, me dejé llevar. No sabía que tú aún..."

 ¿Pero por qué había dicho eso? No tenía que disculparse. Se tendría que haber disculpado ella, por no haber continuado con aquello.
  –No tiene que sentirse culpable por eso –dijo en voz alta–. No tendría que haberle parado. Habría sido el momento perfecto. ¿Por qué le he parado? Si en esos minutos escasos en los que Gorka me... me...
  <<...masturbó... fue cuando más le sentí...>>terminó en su cabeza.

 Julieta dio un grito. Si no le podía dar a Gorka lo que quería, el le dejaría, y...
  –La próxima vez –concluyó–, le corresponderé.

...


 –Tendría que haberme parado, tendría que haber pensado con la cabeza y no con mi entrepierna –se dijo Gorka–. Cuando nos volvamos a ver, pediré disculpas de nuevo.
  <<Si es que volvemos a vernos>>
En aquel momento sonó el teléfono.

  –¿Quién es? –preguntó.
  –Soy yo –contestó Julieta con voz apagada–. ¿Puedes venir mañana a las 6 a mi casa?
<<Quiere dejarme. Pero no se ha atrevido ha hacerlo por teléfono>>, se lamentó Gorka en silencio.
  –Claro. Allí estaré.
  –Adiós –y colgó sin dejarle contestar.
  –Te quiero –dijo Gorka, abatido, tras una pausa a la línea de teléfono.

lunes, 23 de mayo de 2011

Gorka & Julieta. Capítulo V: Olor a salitre


 Gorka caminaba hacia la playa con nerviosismo. Iba cabizbajo y llevaba las manos en el interior de los bolsillos del bañador. Su camiseta reposaba en su hombro desnudo, y el calor del verano le hacía sudar.

 Entonces, cuando subió la cabeza, divisó la melena de Julieta, que jugueteaba con la brisa mientras esperaba a Gorka.

 Intercambiaron una media sonrisa al cruzar sus miradas.

  –Hola –dijo Gorka mientras se aproximaba a Julieta.
  –Hola –saludó su pareja– ¿Listo para surfear?
  –Por supuesto.

 Aquel viento veraniego favorecía el movimiento de las olas.
 Gorka cerró los ojos e inspiró. Toda la playa olía a salitre. Al chico le encantaba ese olor.
 Un toque de atención de Julieta le hizo volver a la realidad.
  –¡Vamos, Gorka! ¡El agua está perfecta!

 Gorka caminó sobre la arena mojada. El agua llegó a sus pies al romper una ola en la orilla.
 Sonrió y se lanzó al agua.
  –¡Una carrera hasta aquella roca! –exclamó Julieta.
 Gorka aceptó el desafío.
 Aunque Julieta había empezado antes y le llevaba ventaja, Gorka se posicionó rápidamente en el primer puesto.

  –Has hecho trampa –concluyó Julieta entre risas.
  Buceemos –musitó Gorka.
 Se zambulló en el agua y Julieta le siguió.
 La chica abrió los ojos y miró los de Gorka, también abiertos. Se observaron durante unos segundos. Entonces, se acercaron cada vez más. Gorka la sujetó por la cintura y selló sus labios.

  –Gracias –dijo la joven, cuando salieron del agua,
  –¿Por qué?
  –Por hacer que me sienta tan feliz.
Gorka sonrió, y se introdujeron de nuevo en las profundidades del mar.


martes, 17 de mayo de 2011

Luna


Bien entrada la madrugada, aún no dormían. Él la abrazaba con ternura mientras mantenían una conversación. Era lo que más le gustaba de él. Podía contarle todas sus preocupaciones, incertidumbres, prontos... Desde que habían alquilado aquel pequeño piso, no hacía más que mirar el reloj en el trabajo contando las horas que le faltaban para verle.

Aunque no pudiesen pasar los días juntos, la luna estaba allí para acogerles. Por eso, cada vez que miraba a la luna le sonreía. Y tenía la certeza de que, en las noches en las que estaba llena, le devolvía la sonrisa. Tenía un vínculo especial con ella. Desde pequeña, su abuela le había enseñado la importancia de la luna, su fuerza. Un tierno beso en el vientre de la chica la hizo volver a la realidad.

   -Quiero que nuestra hija se llame Luna -dijo entre sonrisas.
   -Se llamará Luna -coincidió su interlocutor - Solo faltan dos meses.
   -Y tras esos meses, llegará la fecha más anhelada de nuestras vidas.

Cerró los ojos, dispuesta, más que nunca, a ser paciente.

Para mi verdadera Luna. )O(

lunes, 16 de mayo de 2011

Gorka & Julieta. Capítulo III: El bosque



Gorka estaba más feliz que de costumbre.
Aún no había dado ese primer paso con Julieta, pero ahora se sentía más seguro de sí mismo.
Habían compartido tantas cosas, sin saberlo...

Ya adentrados en el bosque, se tumbaron en la hierba. Julieta se habría negado a aquello en una ocasión normal, pero aquella vez no le importaba.

-Este lugar es precioso -musitó.
-Sí... es un lugar bonito para estar con alguien a quien...
Gorka enmudeció. Quería decir "a quien se ama", pero sus labios no se movían.
Julieta se ruborizó y se colocó de lado sobre la hierba para que Gorka no la viese.

Se rió entre dientes. <<Parezco una niña pequeña>>, se dijo.
Gorka también se giró, y su brazo comenzó a moverse lentamente hasta posarse sobre la cintura de Julieta. Puso su mano en su vientre y la trajo para sí con timidez.

Y así se quedaron durante quince, veinte, treinta minutos... El tiempo no les importaba. Lo que importaba es que estaban ellos dos tumbados en la hierba. Nada más.

Gorka comenzó a acariciar el cabello de Julieta con la mano que le quedaba libre. Era el momento. ¡Debía besarla en aquel instante, en aquel momento perfecto! No sabía cuánto tiempo llevaba muriéndose por los labios de Julieta. Debía actuar, tan solo un beso, un simple beso...

Que no parecía tan simple.

Gorka & Julieta. Capítulo II: Otra ola más


Julieta cabalgaba el mar con su tabla. Cuando veía aquella inmensidad azul no hacía más que pensar en los ojos de Gorka. Aquellos con los que nunca había cruzado una mirada.
La surfista se mordió el labio. ¿Porqué siempre todo lo relacionaba con él? Había más cosas en el mundo aparte de Gorka. 
Gorka. Gorka. Gorka.

<<¡Olvídate>>, se dijo.

Pero no podía hacerlo. Cada vez que lo intentaba, le venia a la cabeza aquel tierno paseo. Solo habían pasado dos días desde entonces.Y aun no era capaz de demostrar lo que sentía por él.

Gorka se mojó los pies. El agua estaba perfecta. Lanzó una mirada hacia el frente. Allí estaba Julieta, con su tabla. Julieta...
El paseo se proyectaba en la mente de los dos al mismo tiempo como si fuese una película. Entonces, por primera vez, sus ojos se cruzaron. Una ola se acercaba desde el horizonte. Para el momento en el que la ola chocaba con el mar, Gorka ya estaba con Julieta en el interior de la ola.

domingo, 15 de mayo de 2011

Gorka & Julieta. Capítulo I: El Paseo


Llevaban hora y media caminando. Gorka seguía a Julieta a través del campo con paso calmado. Ella tarareaba una canción mientras danzaba en cada paso, con una única respuesta por parte de Gorka: su sonrisa.
En ese paseo ni se habían mirado a la cara. Ambos sabían que sentían lo mismo el uno por el otro, y que era algo muy fuerte, pero, sin embargo, no eran capaces de exteriorizar sus sentimientos.
Julieta iba por delante, acariciando las flores que había en derredor, preguntándose en qué estaría pensando Gorka. No sabía por qué no se había atrevido aún a mirarle a los ojos, de manifestar sus sentimientos en un cálido beso.
Él imaginaba estampas en las que se abrazaban en una cama durante toda la noche. Cómo ansiaba tocarla siquiera. Un pequeño roce con la piel de Julieta, blanca e inmaculada. Imaginaba sus dedos ocultos entre los cabellos castaños de Julieta mientras besaba su cuerpo desnudo.

Ambos necesitaban, únicamente, un pequeño empujoncito.
Solo uno.